La mente que compite cuando el cuerpo aprende otro camino
No
siempre se llega al alto rendimiento por una pista recta. Hay quienes llegan
por una curva inesperada, por una puerta que nadie pidió abrir, por un instante
que divide la vida en “antes” y “después”. En el deporte adaptado, ese
“después” no es un final: es el inicio de una forma distinta de habitar el
cuerpo… y de entrenar la mente.
Él
(o ella) no se presenta con un discurso heroico. Llega temprano. Observa.
Ajusta la prótesis o la silla con la precisión de quien aprendió que lo pequeño
decide lo grande. Respira hondo. No por dramatismo: por método. En su mirada
hay algo que no se improvisa: la aceptación activa, esa decisión íntima
de dejar de pelear con la realidad para empezar a construir dentro de ella.
“No
se trata de lo que me pasó. Se trata de lo que hago con lo que me pasó.”
La
psicología del alto rendimiento en el deporte adaptado nace, casi siempre, de
una reconstrucción: no solo física, sino identitaria. Porque el mayor duelo no
es perder una función, sino sentir que se pierde un “yo”. Y sin embargo, el
atleta aprende una verdad incómoda y liberadora: la identidad no se hereda,
se entrena. Un día deja de decir “soy mi lesión” y empieza a decir “soy mi
proceso”. Cambia el lenguaje y, al cambiar el lenguaje, cambia el destino.
En
el entrenamiento, hay un ritual silencioso: convertir el obstáculo en
información. Donde otros ven limitación, el atleta ve variables. Donde otros
ven compasión, el atleta exige respeto. Y aquí aparece una de las primeras
fortalezas psicológicas del deporte adaptado: la tolerancia a la incomodidad
con sentido. No es aguantar por aguantar. Es sostener el esfuerzo porque
hay un porqué.
La
motivación, en estos
atletas, rara vez es superficial. No depende únicamente de medallas. Está
anclada en valores: independencia, dignidad, pertenencia, propósito. La
motivación se vuelve una brújula: cuando el cuerpo se cansa, los valores
empujan.
Pero
alto rendimiento no es romanticismo. Es ciencia cotidiana. Es dominar la
atención cuando el entorno pesa. Es gestionar pensamientos cuando la
comparación social aparece como sombra: “¿Me verán como atleta o como
‘inspiración’?” Y ahí, la mente entrenada responde con una frontera clara: “No
compito contra la mirada. Compito contra mi mejor versión.”
En
competencia, el atleta de deporte adaptado enfrenta un desafío particular: la
doble presión. Por un lado, la presión normal del rendimiento (tiempos,
marcas, rivales). Por otro, la presión simbólica: representar, demostrar, “no
fallar”. Esa carga puede ser combustible o puede ser cadena. La diferencia la
hace la psicología: aprender a separar el juicio externo del control interno.
Y
entonces entra en juego la autoseguridad, no como arrogancia, sino como
confianza funcional: “sé lo que entrené”. La seguridad no nace del aplauso:
nace de la repetición. De haber ensayado el momento incómodo. De haber
entrenado la respuesta ante el error. Porque en alto rendimiento, el error no
se elimina; se administra.
Hay
un punto donde la psicología del deporte adaptado revela su grandeza: la
relación con el dolor y la fatiga. En algunos casos, el dolor es físico; en
otros, es memoria. La mente aprende a distinguir: lo que duele y lo que
destruye no siempre es lo mismo. El atleta desarrolla una inteligencia corporal
fina: escuchar sin rendirse, ajustar sin abandonar.
“No
todo lo que duele es señal de detenerse; a veces es señal de estar creciendo.”
Cuando
finalmente inicia la prueba, algo ocurre: el cuerpo deja de ser “lo que falta”
y se convierte en “lo que hace”. Aparece el flow, ese estado donde la
acción manda y el pensamiento estorba. En flow no hay discurso. Hay presencia.
Hay ejecución. Hay silencio interno.
Al
final, este atleta nos enseña una psicología de alto rendimiento que sirve para
todos: no se trata de tener un cuerpo perfecto, sino una mente entrenada y
un corazón con propósito. El deporte adaptado no es una categoría menor; es
un recordatorio mayor: la excelencia no es un privilegio, es una decisión
sostenida.
“La
excelencia no pregunta qué te falta. Pregunta qué estás dispuesto a construir.”
Si
quieres, lo adapto a un deporte específico (paraatletismo, paranatación,
basquetbol sobre silla, goalball, para powerlifting) y le meto una historia más
definida con escenas de entrenamiento, competencia y diálogo interno del
atleta.


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